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Domingos para la juventud

Cada domingo renace la esperanza cada domingo es una multitud cada domingo la dicha está de fiesta  si es un domingo para la juventud Era mediados del 86’, mi último año de secundaria. Tenía diecisiete, como todas mis compañeras de colegio. Habíamos ido a Domingos para la Juventud, un programa de concursos para los estudiantes del último año de secundaria. El premio era el tan anhelado viaje de egresados a Bariloche. Invento la primera parte de la historia porque no me la acuerdo. Y todo cuento tiene que tener un principio. A mí me gustaría que la mía comience así: Yo, en un estudio de televisión. Yo, entre la algarabía de las bambalinas. Recuerdo cierto caos. No lo pude haber imaginado. Tuve que haber estado allí. Adolescentes aquí y allá moviéndose en un espacio que era mucho más pequeño de lo que salía por TV. Un ambiente como de carnaval. Alegría y confusión. Una excitación y nerviosismo que no cabía en el cuerpo. Recuerdo a Silvio Soldán, a las secretaria...

Culpa-mujer/mujer-culpa

¿Dónde se puede vivir sin culpa? Ella, después de más de treinta años, todavía sentía culpa. Y no una culpa medio desfigurada, suavizada por los años. No. Era una culpa atroz, corrosiva que la seguía día y noche como una sombra. Allí, cada vez que se daba vuelta, estaba la culpa. Si no fuera por ese agobiante preámbulo que era acostarse, dormir sí era un alivio. Apoyar la cabeza en la almohada, cerrar los ojos y esperar el sueño: un generador de culpa. Un purgatorio. La mente se revolvía ante cada hecho de su pasado. Una vez que entraba en la fase profunda del sueño, venía el olvido. ¡Qué hermosa palabra! ¡Cuánta tranquilidad que hay en el olvido! Tantos años pasaron, y la culpa seguía. Y no una culpa puntual, sobre un hecho específico. Era una culpa universal que lo abarcaba todo, desde lo que hizo y lo que no hizo. Como se vestía, lo que comía, lo que decía, lo que leía, lo que elegía. No, lo que elegía no. Porque casi nunca lo hacía. Iba así por la vida dejando que l...
El padre, la madre, la hija Quizá esto no ocurrió en los ochenta, tal vez fue a finales de los setenta, pero ella ya estaba en la siguiente década. Todo lo significativo en su vida fue en los ochenta. La memoria es esta: su padre, un hombre extraño, común, oficinista con una vida tan pequeña —o al menos eso creía ella— como la caricatura de un empleado administrativo, no llegaba del trabajo. Recuerdo el momento del día: ya había oscurecido, pero no logro recordar la época, si hacía frío o calor. Pero, ¿quién sabe? La memoria falla y cabe la posibilidad de que ni siquiera el sol se hubiera puesto. Una cosa era segura: el hecho. Las circunstancias siempre pueden variar. La cuestión era que el hombre de la casa, el fuerte de la familia, no venía. Algo le había pasado.  Volvió. Borracho! El hombre de la familia Sosteniéndose de las paredes para no caerse…un padre. Ella, la hija, tenía unos once años y a pesar de que había escuchado que a veces su papá bebía y que algun...
Adolescencia y democracia Perdió su virginidad durante los albores de la democracia. No exactamente en 1983, un poquito más tarde cuando todavía se masticaba la idea de libertad —a ver qué era eso, qué gusto tenía—. Creo que fue por 1985. Lo hizo con un chico en un hotel de esos que llaman albergue transitorio, un telo —suena vulgar ¿verdad?—. Un chico que tenía moto y una campera Levi’s de jean forrada en corderito. Uno o dos años mayor que ella. Un chico que no la quería. ¿Importaba eso? ¡Con qué miedo escribo la frase “no la quería”! Como si al darle palabras a sus sentimientos —los de él— de alguna manera estuviera oficializando lo precario que fue ese evento en su vida —la de ella—. Para ser sinceros ella tampoco lo quería, pero —tengo que decir la verdad— hubiese preferido que él sí. Me da terror que se la confunda con una joven que quería ser amada, porque lo que verdaderamente ella deseaba era ser querida. Querer no es amar —suena a autoayuda—. Amar era para los otros, ...

La talentosa señora Ripley

La Talentosa Señora Ripley “Sigourney Weaver se la viene de actriz seria y empezó como actriz porno” algo así dijo uno de los locutores estrella allá por los ochenta en la época dorada de la Rock & Pop. Yo no sé por qué me acuerdo tanto de estas palabras. Un comentario dicho así al pasar. Ni siquiera era el tema del día. Seguramente estarían hablando de Aliens que se estrenó en 1986, después de la exitosa Alien de 1979. A lo mejor el tópico era el monstruo y no la actriz, pero había que decir algo de ella. Y al locutor estrella no se le ocurrió mejor ilustración que la de hablar de su pasado pornográfico. Había que quitarle protagonismo a la talentosa señora Ripley.  La verdad que son todas hipótesis. No recuerdo las circunstancias. Sí el dejo moral que hubo en las palabras del locutor estrella. No por el pasado escandaloso de Weaver (pasado que no me preocupé en verificar), sino por ocultarlo. Por privar a su público de ese jugoso pedazo de su historia. Años má...