Adolescencia y democracia Perdió su virginidad durante los albores de la democracia. No exactamente en 1983, un poquito más tarde cuando todavía se masticaba la idea de libertad —a ver qué era eso, qué gusto tenía—. Creo que fue por 1985. Lo hizo con un chico en un hotel de esos que llaman albergue transitorio, un telo —suena vulgar ¿verdad?—. Un chico que tenía moto y una campera Levi’s de jean forrada en corderito. Uno o dos años mayor que ella. Un chico que no la quería. ¿Importaba eso? ¡Con qué miedo escribo la frase “no la quería”! Como si al darle palabras a sus sentimientos —los de él— de alguna manera estuviera oficializando lo precario que fue ese evento en su vida —la de ella—. Para ser sinceros ella tampoco lo quería, pero —tengo que decir la verdad— hubiese preferido que él sí. Me da terror que se la confunda con una joven que quería ser amada, porque lo que verdaderamente ella deseaba era ser querida. Querer no es amar —suena a autoayuda—. Amar era para los otros, ...
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